Esta observación conduce a los científicos a concluir que en el hombre este componente químico podría tener efectos nefastos en el desarrollo y los trazos cognitivos propios de cada sexo, que son importantes para la reproducción.“Los ratones del experimento expuestos al BPA -en cantidades equivalentes, guardando las proporciones, a las absorbidas por el hombre- parecen normales pero son sin embargo claramente diferentes”, explica Cheryl Rosenfeld, profesora adjunta de ciencias biomédicas de medicina veterinaria de la Universidad de Missouri y principal autora de este estudio.
“Los ratones hembra no quieren aparearse con los machos que han sido expuestos al BPA y estos últimos tienen las mayores dificultades para navegar espacialmente para encontrar parejas sexuales”, precisa. Mientras que la Agencia estadounidense de Alimentos y Medicamentos ha notado “inquietudes” respecto a los efectos del BPA y que Canadá ha sido el primer país del mundo en clasificar este producto como tóxico, los desacuerdos entre los científicos en cuanto a sus efectos en animales y seres humanos subsisten. Desde noviembre de 2010 la Unión Europea prohibió esta sustancia en los biberones.
Ya no quedarán machos latinos a ese ritmo
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