jueves, 7 de julio de 2011

MUERTE A MEXICANO POR INYECCION LETAL

TEXAS, 7 de julio.- El reo mexicano, Humberto Leal, de 38 años de edad, fue ejecutado mediante una inyección letal y declarado muerto en punto de las 18:20 horas local (23:20 GMT) en la prisión de Huntsville, Texas. El originario de Monterrey, había sido condenado a muerte en 1994 por el abuso sexual y asesinato de Adria Sauceda de 16 años en el condado de Bexar.

Leal, quien fue trasladado esta tarde al Pabellón de la Muerte de la Unidad Polunsky, en el centro penitenciario Livingston en la prisión de Hunstville, comió su última cena que consistía en tacos en carne asada, pollo frito, pico de gallo y refresco de cola. Durante la ejecución que fue presenciada por una de sus hermanas, Leal pidió perdón a los familiares de Sauceda y a su propia familia.

“Siento todo lo que he hecho, he lesionado a mucha gente, por años nunca pensé que merecía ningún tipo de perdón, se que el señor Jesucristo me ha perdonado en vida y he aceptado su perdón, ya he aceptado todo, dejemos que esto sea el final que se haga, asumo toda responsabilidad por esto”, dijo. “Lo siento y perdónenme, verdaderamente lo siento, les pido perdón, la vida sigue y seguramente seguirá. Lo siento por la familia de las víctimas, por lo que hice, pero espero que me perdonen, no sé si me creen, la vida sigue”, añadió Leal García.

Para terminar, se dirigió al guardia a cargo de la ejecución que se encontraba a su diestra y le dijo: “Le pido perdón, la vida sigue y seguirá, perdón, estoy verdaderamente arrepentido. Que siga el espectáculo. Una cosa más: Viva México, Viva México, Viva México”. Antes de que terminara, su abogada Sandra Babcock, se sumó: “Viva México cabrones”. Vestido con un overol y cubierto hasta el pecho con una sábana blanca, solo eran visibles sus manos vendadas y la muñeca donde se veían las sondas con los tres líquidos letales. Súbitamente quedó dormido, hizo un sonido balbuceante con los labios y quedó inmóvil. Una dosis de pentobarbital, para mitigar el dolor; un poco de bromuro de pancuronio, para colapsar los pulmones, y un tanto de cloruro de potasio, para que, finalmente, deje de latir el corazón. La inyección letal que aplican en Texas, Estados Unidos, termina con la vida de los condenados a muerte en sólo siete minutos.

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